Un trovador cuir. Reseña de Mar López

Por Mar López, en El Mar de Letras

Txus García ya nos lo confirmó en “Poesía para niñas bien”: que era un trovador cuir adelantado a su época (mejor: su época retrasada con respecto a él) que no tenía que demostrar nada, que era auténtica y que no pretendía encajar en ningún molde socialmente predeterminado, y que si con sus palabras, de paso, iba a perturbar a alguna mente retrógrada y binaria, iba a gritar más alto y hacer que mereciera del todo la pena. Lo ha vuelto a hacer, en “Este torcido amor: la ternura de las ahogadas”.

Por eso, tu hija te ha salido trovador.

La realidad de Txus García es la de la visibilidad y el activismo, una voz cuajada de matices que se nutre de los ecos de Gloria Fuertes y que navega entre géneros masculinos y femeninos yendo más allá, sin miedo a mostrarse vulnerable en sus versos, siempre tan narrativos. Es curioso porque este libro, de la editorial Bellaterra, indica en la cubierta que se trata de narrativa, y no lo es. Los únicos textos en prosa son los dos prólogos (¡dos!) que anteceden a los poemas de Txus.

Me han gustado mucho las ilustraciones, realizadas por Antonio García Villarán, un autor al que no sigo pero sé por redes que es amigo de la adorable pareja formada por Jaime Altozano y Ter (Tercosmicqueen), que me encantan, así como de Txus, por lo que ya me cae bien de manera rizomática. En especial me han flipado los retratos que Antonio ha hecho de Gloria Fuertes y de la propia Txus, y también me ha gustado el hecho de que la cantidad de ilustraciones no sea exagerada (no es algo contradictorio, cuando compras un libro porque te interesa el texto, te puede saturar la inclusión exagerada de imágenes, además pocas veces me gustan los ilustradores que se eligen, los estilos artísticos, etc.)

Lo transgénero, lo canalla, lo transgresor, lo performativo, lo provocador, lo mamarracho, lo inclusivo, lo rebelde, lo queer en el más amplio sentido del término, tiene cabida entre estas páginas.

Del prólogo de Meri Torras:

“Ricardo Llamas, en la introducción a Teoría torcida. Prejuicios y discursos en torno a la homosexualidad (Siglo XXI, Madrid 1998), propone la siguiente traducción de queer, precisamente por su etimología: «Teoría queer, en definitiva, es decir, rarita. O, si apelamos a la etimología latina del término (torquere), sencillamente, teoría torcida» (xi). Aunque no haya usado el término ni una sola vez, la poesía de Txus García puede ser más cuir que nunca en Este torcido amor (la ternura de las ahogadas).

Hay textos sexuales, sobre la crudeza de la vida adulta, familiares, de denuncia, sobre la precariedad laboral, de los bajos fondos urbanos, otros que creo que no entiendo pero me da igual, me gustan; también hay fragmentos como estos, que me reconcilian con la vida, con mi instinto gótico y con mis fantasmas:

Me duermo junto a tu sombra,
el surco que dejaste
hace tres meses
al irte de ese modo.
Sin un beso,
sin revolcarme con un poco de odio,
sin una despedida,
digna de una muerta
y una esquela en nuestro diario.

Hay espacio para ajustar cuentas con amores pasados y presentes, incluso con aquellos que nunca existieron y que no por ello son menos ciertos (me apasionan esos juegos literarios muy a lo Schrödinger en los que se logra hacer convivir algo y su contrario al mismo tiempo, me hace muy feliz convivir con las contradicciones, en general, y verlo plasmado sobre el papel es tranquilizador, supongo). Familia elegida y genética, o casi, viajan entre líneas. Me ha encantado.


El recuerdo tiene su propio idioma, su propia
textura, su propia melodía secreta, su propia
arqueología y sus propias limitaciones: también
puede lastimarse, robarse y avergonzarse.
Elie Wiesel

Cariátide jurásica,

musa vertebrada,
sientes deseo primario,
antropomórfico.
Los ojos me lloran
escombros.
Arqueóloga febril
los clasifico:
limpio el esqueleto
triturado
de tu promesa.
Costumario antiguo,
cuneiforme en la memoria,
ferocidad encubierta,
paleografía ósea.
El nicho lleno de sábanas
de matrimonio.
Mi mausoleo de penalidades.
Compartimos polvo,
ceniza,
putrefacción.
Un amor
rancio.

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