Robar: reseña de l’Aparadora.

Reseña del Col·lectiu L’Aparadora, Alicante

El libro de Txus García es un poemario subversivo ya desde su título: Poesía para niñas bien (Tits in my bowl) pone en tela de juicio  valores establecidos (¿qué es una niña bien?)  por la vía de unir la expresión con otra (el subtítulo) de corte radicalmente distinto e inesperado (algo así como “ponerte las tetas en bandeja”). Ese mecanismo, (que es, además, una forma de humor poético) recorre todo el libro obligando a quien lee a recolocarse constantemente, a resignificar, a cuestionar, a mirar de otra manera.

Podemos verlo en los primeros poemas del libro, una suerte de “autobiografía” en cuatro partes con los siguientes títulos: “Documento Nacional de Identidad”, “Pasaporte”, “Visado” y “Hasta aquí puedo leer”.  En la línea de la poesía confesional y de la experiencia (los poetas de la otra sentimentalidad o excelentes antecedentes como Ángel González o Gil de Biedma), Txus García hace quiebros reveladores (y rebeldes) en la designación burocrática de la vida. Los poemas no llevan el título de “autobiografía”, sino “DNI” (no parece casual elegir un documento tan presente en las reivindicaciones trans) para contar los primeros años de vida (“Aquí estoy. Me llamo Txus y soy transgénero”), el pasaporte (documento para viajar, para marchar, aunque sin saber adónde: “de los 13 a los 21  no conocí a nadie como yo” –como Gloria Fuertes cuando se decía “distinta a todas la mujeres”-) y el Visado (conseguido, pretendido, querido) con un destino ya elegido (“Desde entonces vivo in the Middlesex”) donde quedarse y ser (“Aquí estoy. Me llamo
Txus. / Soy”). 
Pero por si esta desmitificación del discurso autobiográfico fuera poco (la mezcla de registros en los títulos, el realismo sucio del contenido, lo antipoemático de algunas de las expresiones…) tenemos, además, una cuarta parte cuyo título (“Hasta aquí puedo leer”) más que desmitificar acaba llegando a la burla al conectar dos discursos en principio alejados e incongruentes (Mayra Gómez Kemp leyendo tarjetitas a los concursantes del “Un, Dos, Tres”, por una parte, y el capítulo final (aunque abierto) de una autobiografía, por otra. La risa está servida.
Esta manera de robar al lenguaje (el lenguaje en un sentido amplio, como hipertexto en el que participan todos los discursos sociales y culturales), casi sin que él mismo se dé cuenta, un significado nuevo (nuevo no porque no existiera, sino sólo porque estaba por descubrir), de sacarlo a la luz mirándolo de otra manera y haciéndonos, así, ver las cosas  de otro modo es, creo, el eje vertebrador de todo el poemario; es el mecanismo revelador del humor: arte hermoso y necesario y, me atrevo a decir, el mecanismo formal de lo queer.
Y ahí es donde Txus se instala y no deja títere con cabeza: desde la teoría poética (descrita en dos poemas: “El verso me vino de nalgas” y “Manifiesto intestino”) hasta la utilización del lenguaje bíblico traído y llevado en poemas como “Todo el suelo del Mercadona lleno de rotos esquemas (de señoras respetables)” donde dice:
Y yo,
que con una mano te recobro,
te devuelvo a la forma primera,
al barro esencial, al edén bollero.
O en el díptico “In pricipium…”  “… Erat Verbum” cuyo cierre dice:
Es
justo y necesario,
es nuestro deber
y vuestra salvación
Y eso que es “nuestro deber y vuestra salvación” no es otra cosa que:
Que se te llene la bañera y la cama
de santos viriles pelos negros rizados,
que te huela el salón a sudor macho,
que haya siempre una bella gotita
de pipí en la taza
Tampoco se libra el amor de esa celebración y desmitificación a través del humor, como por ejemplo en “Querida”, poema en el que, después de hacer el discurso esperado de la idealización de la amada a través del recuerdo de su olor (tópico amoroso donde los haya) acaba con los versos:
No puedo dormirme.
Pienso.
Echo de menos a Dior.
O ese otro donde, casi nos engaña pensando en que ha caído en el desliz sentimental:
Dónde quedaron las rosas,
la buena intención,
los pecadillos sin importancia,
los cigarritos a medias,
las manos enlazadas,
las promesas de eternos,
los síes y los cambiaré.
…..
Para acabar, cómo no, por aclararnos:
Si ni siquiera sé indicarte
cómo llegar a Gran Vía
Desmitificación, también, de algunas maneras literarias, como el tópico del efebo objeto de
deseo, tan querido por los poetas de los 70 (motivos de la antigüedad grecolatina tradicionalmente escogidos para poemas de temática homosexual, véase Luis Antonio de Villena) en el poema “Un joven con unos lirios”, modelo  al que acaba diciendo:
Lástima que ninguno de los presentes
se atreva a dejar de dibujarle el contorno.
Con los dedos crispados
agarramos el carboncillo
conteniendo las ganas
de romperle
                       los putos lirios
a lametones.
Txus García ha encontrado en la forma de este libro (con procedimientos lingüísticos
humorístico-paródicos) la expresión subversiva y contestataria de una temática queer que,  por otra parte, se hace explícita en bastantes de sus páginas (valga “¡Cuidado!”, poema que cierra el libro, como magnífico ejemplo). Y es esa forma la que trastoca, la que revuelve, la que disloca, la que pone todo patas arriba y vuelve la cabeza y el corazón del revés. Por todo eso Poesía para niñas bien (Tits is my bowl) es un libro justo y muy, pero que muy necesario. 

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